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La actualidad de nuestra entidad y las últimas novedades en financiación a la I+D+I.
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Desde el 9 de abril de 2026, la convocatoria de MSCA Postdoctoral Fellowships está abierta y permanecerá así hasta el 9 de septiembre. Cuenta con un presupuesto de 399,05 millones de euros y se prevé la financiación de alrededor de 1.600 proyectos, lo que la convierte en una de las principales vías para la movilidad investigadora en Europa.
El esquema mantiene su lógica habitual: financiar proyectos individuales de alta calidad que integran desarrollo científico con movilidad internacional. No obstante, el contexto de 2026 introduce matices que deben ser considerados detenidamente. La Comisión Europea no ha modificado la estructura del programa, pero sí ha fortalecido ciertos aspectos que impactan directamente en la forma en que se elaboran las candidaturas.
A diferencia de otras convocatorias donde cada edición incluye cambios notables, MSCA Postdoctoral Fellowships 2026 se basa en la continuidad. Las normas de elegibilidad, las modalidades y la estructura de evaluación siguen siendo reconocibles. La novedad radica en el énfasis que la Comisión pone en la fase previa a la presentación.
La preparación conjunta entre el investigador y la institución de acogida adquiere mayor relevancia. No se trata solo de contar con una carta de apoyo o una estructura administrativa robusta. El diseño del proyecto, la coherencia entre los objetivos y el entorno anfitrión, así como la capacidad de integrar formación, transferencia y desarrollo profesional, se convierten en elementos cruciales desde el principio.
Simultáneamente, se fortalecen los mecanismos para facilitar esta fase. Plataformas como Euraxess, ofertas de alojamiento y Scinder se presentan como canales activos. La convocatoria se construye, en gran medida, antes de comenzar a redactar.
El programa sigue estructurado en torno a dos modalidades. Las European Postdoctoral Fellowships permiten desarrollar proyectos en Estados miembros o países asociados durante un período que puede alcanzar los 24 meses. Las Global Fellowships incluyen una fase fuera de Europa, seguida de un retorno obligatorio, lo que introduce una dimensión internacional más amplia.
Esta dualidad no es solo administrativa. Define estrategias distintas. Mientras que las European Fellowships favorecen la consolidación dentro del ecosistema europeo, las Global permiten acceder a entornos científicos externos y regresar con una posición fortalecida. En ambos casos, la elección del anfitrión condiciona el desarrollo del proyecto.
También se mantiene la opción de incluir una estancia adicional de hasta seis meses en entidades no académicas. Esta alternativa, cada vez más utilizada, establece una conexión directa con sectores aplicados, la industria o la administración pública.
El marco de elegibilidad no presenta cambios significativos. Los candidatos deben tener un máximo de ocho años de experiencia investigadora tras obtener el doctorado, con las excepciones habituales. La regla de movilidad sigue siendo central: no haber residido o trabajado en el país de la institución anfitriona más de doce meses en los tres años anteriores a la fecha límite.
Aunque estas condiciones son conocidas, su interpretación práctica sigue generando errores. La movilidad no se evalúa como un requisito administrativo aislado, sino como parte de la lógica del programa. Se espera que el cambio de entorno aporte valor científico y profesional. Cuando esta narrativa no está bien elaborada, la candidatura pierde consistencia.
La edición 2026 mantiene el mecanismo de opt-in hacia las ERA Fellowships, destinado a propuestas de alta calidad con anfitriones en países de ampliación o regiones ultraperiféricas.
Este elemento introduce una oportunidad adicional para perfiles que, aunque no logren financiación directa en la convocatoria principal, pueden ser considerados dentro de este esquema. Además, refuerza el interés por destinos que tradicionalmente han tenido menor representación en MSCA, ampliando el mapa de opciones para quienes están preparando su candidatura.
El calendario mantiene una secuencia clara. La evaluación se llevará a cabo tras el cierre en septiembre, con resultados previstos para febrero de 2027 y la firma de acuerdos entre febrero y mayo. Los proyectos comenzarán previsiblemente a partir de esa fecha.
Este ritmo exige una planificación precisa. La ventana de preparación, aunque amplia en teoría, se reduce en la práctica al considerar los tiempos necesarios para definir el proyecto, acordar condiciones con la institución anfitriona y trabajar la propuesta con el nivel de detalle que exige el programa.
Uno de los aspectos más destacados de MSCA es su apertura a todas las disciplinas. En 2026 se mantiene esta transversalidad, abarcando áreas relacionadas con Euratom. Esta amplitud no implica la ausencia de competencia temática. Cada propuesta se evalúa en relación con su campo, pero también en términos de excelencia general y potencial de impacto.
¿Estás considerando postularte a esta convocatoria? Enfoca tus esfuerzos en fortalecer la relación con la institución anfitriona, y si necesitas definir un proyecto coherente, busca un asesor especializado. En SACSIS te ayudamos a trabajar la propuesta para ajustarla en cada apartado.
Existen proyectos que surgen con una intención científica impecable y, a pesar de ello, se quedan en el camino al intentar dar el salto al mercado. En el ámbito de la biotecnología agroalimentaria, esa transición no depende únicamente de la calidad de la investigación. Requiere una estructura más compleja, donde la tecnología coexiste con la validación industrial, la regulación y una interpretación precisa del mercado. En el contexto de Horizon Europe, esta lógica es parte del diseño del programa.
Las convocatorias de 2026 continúan financiando ciencia avanzada, pero el enfoque se desplaza hacia proyectos que ya nacen con una hoja de ruta de escalado establecida. Además, la innovación no se limita únicamente al propio programa europeo de I+D+i. Paralelamente, surge un elemento relevante en el Single Market Programme, diseñado específicamente para apoyar el crecimiento industrial de soluciones biotecnológicas en el sector agroalimentario.
La Comisión Europea ha estado enfatizando durante un tiempo una idea que, en la práctica, distingue entre propuestas competitivas y proyectos que no progresan: la investigación no puede ser concebida como una secuencia aislada de resultados científicos. Debe seguir un camino que conecte laboratorio, piloto y mercado.
En biotecnología agroalimentaria, esto se traduce en decisiones tempranas. La selección de una cepa, de un proceso fermentativo o de una plataforma tecnológica ya no se evalúa únicamente por su rendimiento técnico, sino por su capacidad de escalar, de cumplir con requisitos regulatorios y de integrarse en cadenas de valor existentes. Este cambio de enfoque impacta tanto a universidades como a centros tecnológicos y empresas, especialmente aquellas que se dedican a ingredientes, proteínas alternativas o bioprocesos industriales.
El encaje natural de estas iniciativas se encuentra en el Clúster 6 de Horizonte Europa, que se centra en alimentación, bioeconomía, recursos naturales y agricultura. Aquí se fusionan líneas que abordan desde la producción primaria hasta la transformación industrial, con un enfoque creciente en la sostenibilidad y la resiliencia de los sistemas alimentarios.
Las convocatorias buscan proyectos capaces de demostrar soluciones en condiciones reales: plantas piloto, validación en entornos industriales, pruebas de reproducibilidad y análisis de costes. En este contexto, tecnologías como la fermentación de precisión, la valorización de residuos o la producción de ingredientes funcionales encuentran un terreno especialmente propicio.
A medida que el programa avanza, también se vuelve más relevante la integración con tecnologías digitales. La monitorización de bioprocesos, la trazabilidad o el uso de datos para optimizar rendimientos no son elementos accesorios. Forman parte de una narrativa más amplia donde la eficiencia industrial y la sostenibilidad se entrelazan.
Al revisar propuestas que obtienen financiación, se observa un patrón que se repite con cierta claridad. La base científica sigue siendo rigurosa, pero no es suficiente por sí sola. La diferencia radica en la capacidad de conectar esa base con una validación creíble y una estrategia de explotación coherente.
En la práctica, esto implica demostrar que la tecnología es funcional fuera del laboratorio, que puede ser reproducida a gran escala y que cumple con estándares de calidad y seguridad. A partir de ahí, entra en juego la regulación. En el caso de alimentos, piensos o ingredientes innovadores, el tiempo de acceso al mercado depende en gran medida de los requisitos normativos. Ignorar esta dimensión desde el principio suele resultar en retrasos o en propuestas poco convincentes.
El tercer elemento es la explotación. No como un apartado formal, sino como una hoja de ruta concreta: propiedad intelectual, acuerdos industriales, posicionamiento en el mercado y capacidad de producción. En este sector, la diferencia entre una innovación prometedora y una solución adoptada suele estar en esa fase.
En 2026, el ecosistema incorpora una herramienta que merece atención específica: la convocatoria Agri-food Biotech Scaling-up dentro del Single Market Programme. Su enfoque es diferente al de Horizonte Europa. No se centra en generar conocimiento, sino en acelerar el paso hacia la escala industrial.
Con un presupuesto de aproximadamente tres millones de euros y un plazo de presentación que se establece en junio de 2026, esta iniciativa se centra en la fermentación avanzada y en la creación de capacidades de escalado. Exige consorcios con experiencia en apoyo a pymes y una composición que incluya clústeres o redes de diversos países europeos.
Para muchas entidades, puede funcionar como un puente. Permite madurar tecnologías, validar procesos y construir alianzas antes de abordar proyectos de mayor envergadura dentro de Horizonte Europa. En un contexto donde el acceso a infraestructuras de escalado es limitado, este tipo de convocatorias adquiere un valor estratégico.
A pesar de la claridad del marco, hay errores que siguen apareciendo. Uno de ellos es presentar proyectos que prolongan la investigación sin definir una aplicación concreta. Otro, subestimar el peso de la validación industrial y de la regulación en el calendario y en el presupuesto.
También es habitual encontrar consorcios con un perfil excesivamente académico. La falta de actores industriales, de especialistas en regulación o de socios con acceso al mercado debilita la propuesta. En biotecnología agroalimentaria, el consorcio debe reflejar la cadena de valor completa, desde la investigación hasta la comercialización.
El año 2026 presenta un panorama relativamente claro para quienes trabajan en este sector. Horizonte Europa sigue siendo el marco principal para financiar el desarrollo tecnológico y la validación en entornos relevantes. El Single Market Programme introduce una vía complementaria orientada al escalado.
Para avanzar con opciones reales, es conveniente definir desde el principio el destino de la tecnología, ajustar el nivel de madurez al tipo de convocatoria y construir alianzas que abarquen tanto la parte científica como la industrial y regulatoria. A partir de ahí, la propuesta debe demostrar que puede convertirse en una solución adoptable, con un impacto tangible en el sistema agroalimentario europeo.
Si estás desarrollando una tecnología en este campo, deberías detenerte en una pregunta sencilla antes de redactar la propuesta: ¿puede esta solución producirse, regularse y comercializarse en un plazo razonable? Si la respuesta es clara, te ayudamos a presentar una propuesta competitiva.
En el programa de trabajo 2026–2027 de Horizon Europe, la modelización predictiva relacionada con el clima y la biodiversidad tiene un lugar destacado entre las prioridades europeas. Se presenta como una herramienta fundamental para guiar políticas públicas, gestionar riesgos y facilitar la transición hacia sistemas económicos que respeten los límites ecológicos.
El marco presupuestario refuerza esta dirección. Con una asignación global significativa y una parte considerable destinada a objetivos climáticos, el programa asegura la financiación de proyectos que integran datos ambientales, observación terrestre y modelos que pueden prever escenarios complejos. Esta lógica es especialmente relevante en el Clúster 6, que se centra en bioeconomía, recursos naturales y medio ambiente, y también se extiende al Clúster 5 en relación con clima y energía.
Dentro del Clúster 6, la convocatoria HORIZON-CL6-2026-01-BIODIV-05 representa una de las oportunidades más directas para los equipos que se dedican a la modelización de la biodiversidad. Su enfoque busca desarrollar escenarios integrados que faciliten la transición hacia una sociedad “nature-positive”.
El enfoque introduce una exigencia metodológica específica. Los modelos deben vincular variables ecológicas con dinámicas económicas, uso del suelo, presión humana y políticas de conservación. La Comisión no espera simulaciones aisladas, sino sistemas que sean capaces de convertir datos en decisiones. Esto implica trabajar con series temporales extensas, integrar fuentes diversas —incluyendo teledetección— y proporcionar resultados que puedan ser utilizados por administraciones públicas o gestores de ecosistemas.
El calendario refuerza la oportunidad. La convocatoria se abrirá el 17 de abril de 2026 y se extenderá hasta septiembre, lo que permite formar consorcios con un margen adecuado. Durante este periodo, la preparación no solo se limita a definir un modelo, sino a demostrar su aplicabilidad en contextos reales: restauración de ecosistemas, planificación territorial o evaluación de políticas de biodiversidad.
Además de las convocatorias específicas de biodiversidad, el programa 2026 incluye una línea que conecta directamente la modelización, la observación ambiental y la inteligencia para la toma de decisiones. El topic HORIZON-CL6-2026-03-GOVERNANCE-01, ya cerrado en abril de 2026, anticipa una tendencia que se mantendrá en futuras convocatorias: la integración de datos satelitales, inteligencia artificial y sistemas predictivos para respaldar políticas públicas.
Este enfoque introduce una dimensión adicional. Además de buscar generar conocimiento científico, es necesario estructurarlo de manera que sea operativo. Los modelos deben interactuar con herramientas de gestión, plataformas de datos y marcos regulatorios. En la práctica, esto desplaza el enfoque desde la exactitud técnica hacia la utilidad institucional.
Para los equipos que trabajan en Earth Observation, análisis geoespacial o inteligencia ambiental, esta línea abre un espacio donde la modelización se convierte en infraestructura para la toma de decisiones. La financiación se orienta a soluciones que puedan ser adoptadas, no solo publicadas.
En el ámbito climático, la continuidad se proyecta hacia finales de 2026 con la apertura de HORIZON-CL5-2027-01-D1-07, que se centra en la modelización y predicción de eventos extremos. Aunque el cierre está previsto para marzo de 2027, la preparación comenzará en 2026, especialmente para consorcios que necesiten integrar diversas capacidades.
El interés aquí se centra en fenómenos complejos: olas de calor, inundaciones, sequías prolongadas o eventos compuestos donde interactúan múltiples riesgos. La Comisión busca mejorar la capacidad de anticipación, así como la comprensión de los impactos en infraestructuras, sistemas económicos y cohesión social.
Los proyectos deben considerar la incertidumbre como parte del diseño. Esto implica trabajar con escenarios probabilísticos, validar modelos en entornos reales y conectar resultados con estrategias de adaptación. La utilidad para protección civil, planificación urbana o gestión de recursos es un criterio recurrente en este tipo de convocatorias.
El rasgo común en las convocatorias activas y futuras es la exigencia de integración. Los modelos que se alinean con Horizon Europe no operan en compartimentos estancos. Se espera que articulen relaciones entre clima, biodiversidad, actividad humana y políticas públicas.
Esta integración tiene implicaciones tanto técnicas como organizativas. Desde el punto de vista metodológico, obliga a combinar enfoques: modelización estadística, simulaciones basadas en procesos, inteligencia artificial y análisis de datos de observación. Desde la perspectiva del consorcio, requiere colaboración entre disciplinas que no siempre trabajan juntas: ecología, economía, ciencias sociales, ingeniería de datos o ciencias climáticas.
El resultado esperado es la creación de herramientas que permitan evaluar escenarios de transición. En biodiversidad, esto se traduce en estimar el impacto de políticas de restauración o cambios en el uso del suelo. En clima, en anticipar riesgos y diseñar respuestas adaptativas.
Las oportunidades están especialmente alineadas con universidades, centros de investigación y consorcios que ya trabajan con datos ambientales complejos. También hay espacio para empresas tecnológicas especializadas en inteligencia artificial, análisis geoespacial o plataformas de datos, siempre que se integren en propuestas colaborativas.
El elemento diferencial, además de la capacidad técnica, es la conexión con aplicaciones reales. Los equipos que han colaborado con administraciones públicas, redes de observación o infraestructuras ambientales tienen una ventaja, ya que pueden demostrar que sus modelos responden a necesidades concretas.
La financiación disponible en 2026 y la continuidad prevista en 2027 crean un escenario favorable para la modelización predictiva en clima y biodiversidad. La clave está en cómo se articula la propuesta: qué problema aborda, qué datos utiliza y cómo se traduce en decisiones.
¿Quieres presentar una propuesta a alguna de las convocatorias anteriores? Contáctanos, te ayudamos.
El EIC Accelerator continúa en 2026 como una de las opciones más rigurosas y, a la vez, más ambiciosas para financiar la innovación empresarial en Europa. Su estructura combina una subvención directa de hasta 2,5 millones de euros con inversiones en capital que pueden alcanzar los 10 millones, diseñada para respaldar a empresas que ya han superado las etapas iniciales y requieren escalar de manera significativa.
El enfoque de este programa se centra en tecnologías capaces de transformar mercados, crear nuevas cadenas de valor o posicionar a Europa en áreas estratégicas. Esta lógica se mantiene sin cambios en 2026, aunque con ajustes significativos en el proceso y en la evaluación de las propuestas.
Una de las modificaciones más notorias es la reducción del volumen de documentación. Las propuestas completas se reducen de 50 a 20 páginas, lo que requiere una mayor precisión narrativa. Se trata de seleccionar de manera más efectiva qué se presenta y cómo se argumenta.
A este cambio se añade un calendario más dinámico. Las evaluaciones dejan de concentrarse en grandes cortes semestrales y se realizan aproximadamente cada dos meses. Esta frecuencia introduce un matiz importante: las empresas pueden ajustar mejor su timing, pero también deben llegar con un alto nivel de preparación desde el principio. El margen para iterar durante el proceso es más limitado.
Simultáneamente, el refuerzo de la evaluación técnica acerca el análisis a dinámicas propias del capital de riesgo. El examen sobre la tecnología, el modelo de negocio y la capacidad del equipo se vuelve más exhaustivo, anticipando lo que será un proceso de due diligence en caso de inversión.
El programa introduce en 2026 una línea temática con entidad propia: los Accelerator Challenges. Con un presupuesto considerable, estos retos dirigen financiación hacia áreas estratégicas definidas por la Comisión Europea.
A diferencia de la vía abierta, donde la empresa propone su propia innovación, los Challenges se basan en prioridades específicas. Esto implica una competencia más centrada, pero también una mayor claridad sobre el encaje esperado. Para muchas empresas, especialmente en sectores tecnológicos emergentes, esta vía puede facilitar la alineación con políticas europeas y mejorar la visibilidad de la propuesta.
El acceso al EIC Accelerator en 2026 se vuelve más riguroso en términos de madurez tecnológica. El punto de partida habitual se establece en TRL 6, es decir, tecnologías ya validadas en contextos relevantes. Esto excluye del programa a proyectos en fase de prueba de concepto, que deberán buscar otros instrumentos más apropiados dentro de Horizon Europe.
Este umbral técnico se acompaña de una exigencia equivalente en el ámbito comercial. Además de demostrar que la tecnología funciona, es necesario explicar con claridad dónde se encuentra el mercado, quién paga por la solución y qué barreras dificultan
La investigación aplicada a la seguridad ciudadana en el ámbito europeo se encuentra en la intersección de la tecnología, las políticas públicas y los derechos fundamentales. Las convocatorias recientes del programa Horizonte Europa, en particular dentro del Clúster 3 “Civil Security for Society”, evidencian una evolución hacia enfoques integrados que combinan capacidades tecnológicas con comprensión social y gobernanza democrática.
Esta tendencia responde a una transformación del concepto de seguridad, que ya no se restringe a la prevención del delito, sino que incluye dimensiones como la resiliencia urbana, la gestión de crisis, la protección de infraestructuras críticas y la respuesta a amenazas híbridas. En este contexto, la investigación aplicada se considera un instrumento para desarrollar soluciones operativas que puedan ser validadas en situaciones reales y adoptadas por autoridades públicas y actores relevantes.
Uno de los principales desafíos en la seguridad ciudadana proviene de la naturaleza cambiante de las amenazas. La aparición de individuos radicalizados, el uso indebido de tecnologías emergentes o la convergencia entre riesgos físicos y digitales obligan a reconsiderar los enfoques tradicionales de investigación.
Los proyectos financiados a nivel europeo deben abordar esta complejidad a través de escenarios realistas que integren múltiples variables: comportamiento humano, infraestructuras urbanas, sistemas digitales y dinámicas sociales. Esta aproximación requiere metodologías que puedan combinar análisis cuantitativos, simulaciones y experimentación en entornos controlados o reales.
La definición de casos de uso juega un papel fundamental. Se trata de construir marcos operativos que permitan probar soluciones en condiciones cercanas a la práctica profesional de fuerzas de seguridad, gestores de emergencias o autoridades locales.
El desarrollo de soluciones para la seguridad ciudadana implica la integración de diversas tecnologías: inteligencia artificial, sistemas de videovigilancia, sensores distribuidos, plataformas de análisis de datos y herramientas de comunicación segura. Esta convergencia presenta desafíos técnicos relacionados con la interoperabilidad, la escalabilidad y la adaptación a infraestructuras existentes.
Las propuestas deben incluir arquitecturas abiertas y modulares que faciliten la integración con sistemas ya implementados, como plataformas de mando y control o redes de comunicaciones críticas. La capacidad de conectar soluciones nuevas con entornos operativos consolidados condiciona su viabilidad y su posterior adopción.
Además, se suma la necesidad de incorporar principios de seguridad desde el diseño, incluyendo mecanismos de protección contra ciberataques y gestión segura de datos. La investigación aplicada en este campo no puede desvincularse de la protección de la información, especialmente cuando se trabaja con datos sensibles o sistemas críticos.
La implementación de tecnologías avanzadas en la seguridad ciudadana plantea cuestiones importantes en relación a los derechos fundamentales, la privacidad y la aceptación social. El uso de sistemas de reconocimiento, análisis de comportamiento o vigilancia inteligente requiere marcos de evaluación que vayan más allá del rendimiento técnico.
Las convocatorias europeas enfatizan la necesidad de integrar equipos multidisciplinarios que incluyan expertos en derecho, ética y ciencias sociales. Esta integración permite analizar el impacto de las soluciones propuestas, identificar posibles sesgos y diseñar mecanismos de gobernanza que aseguren un uso responsable.
La aceptación por parte de la ciudadanía se convierte en un factor clave. Los proyectos que incorporan procesos participativos, consultas a usuarios finales o mecanismos de co-creación tienden a generar resultados más alineados con las expectativas sociales y con mayor potencial de implementación.
Un rasgo distintivo de la investigación aplicada en seguridad ciudadana es la participación activa de usuarios finales, como fuerzas policiales, servicios de protección civil o gestores de infraestructuras. Su implicación no se limita a validar resultados, sino que influye en la definición de requisitos, el diseño de soluciones y la evaluación de su utilidad.
Esta colaboración permite orientar los desarrollos hacia necesidades reales y facilita la transición desde el prototipo hasta la adopción operativa. Los proyectos deben prever actividades de demostración en entornos reales, ejercicios conjuntos y pruebas piloto que permitan medir el rendimiento en condiciones específicas.
La calidad de esta interacción impacta directamente en la credibilidad de la propuesta. Un enfoque bien articulado entre desarrolladores tecnológicos y usuarios finales aporta coherencia al conjunto del proyecto y refuerza su impacto esperado.
El contexto actual presenta oportunidades para empresas tecnológicas, centros de investigación y administraciones públicas interesadas en posicionarse en el ámbito de la seguridad ciudadana. La demanda de soluciones avanzadas, junto con el apoyo financiero europeo, favorece la creación de consorcios capaces de abordar desafíos complejos.
Las pequeñas y medianas empresas encuentran un espacio relevante como proveedoras de soluciones especializadas, mientras que las grandes organizaciones pueden actuar como integradoras o facilitadoras de despliegue. La colaboración entre ambos tipos de entidades, junto con organismos públicos, configura ecosistemas de innovación con capacidad de generar impacto a escala europea.
Además, la orientación hacia la explotación de resultados impulsa el desarrollo de modelos de negocio relacionados con la seguridad, incluyendo servicios, plataformas tecnológicas y soluciones adaptadas a distintos contextos territoriales.
La investigación aplicada a la seguridad ciudadana en Europa se articula en torno a la integración de tecnología, conocimiento social y validación operativa. Las propuestas que logran conectar estos elementos presentan mayores posibilidades de éxito y de implementación real. Si deseas que avancemos en tu propuesta, contacta con nosotros.
La convocatoria HORIZON-HLTH-2026-02-DISEASE-12 se presenta como la segunda etapa de la European Partnership on Rare Diseases (ERDERA), dentro del Clúster 1 de Horizon Europe. Su diseño como Programa de Acción Co-financiada establece un marco diferente al de las convocatorias convencionales de investigación e innovación: se centra en respaldar una infraestructura europea de investigación coordinada en enfermedades raras.
Este enfoque introduce una lógica de programa conjunto en la que la Comisión Europea cofinancia iniciativas nacionales y regionales, alineando agendas científicas y recursos en torno a prioridades comunes. Para las compañías farmacéuticas, esto significa operar en un entorno donde el acceso a financiación está mediado por redes, convocatorias transnacionales y consorcios amplios, en lugar de por solicitudes individuales.
El calendario previsto —apertura el 10 de febrero de 2026 y cierre el 15 de septiembre de 2026— ofrece un margen temporal más amplio que otras convocatorias en el ámbito de la salud. Este aspecto es relevante para las empresas que necesitan estructurar acuerdos complejos de colaboración, especialmente cuando se involucran datos clínicos, cohortes de pacientes y validaciones en múltiples países.
El diseño de ERDERA coloca a las empresas en una posición estratégica dentro del ecosistema, aunque rara vez como solicitantes directos de la financiación principal. La participación se organiza a través de consorcios de investigación traslacional, proyectos financiados mediante convocatorias conjuntas o colaboraciones con entidades académicas y clínicas.
En este contexto, una empresa que desarrolla medicamentos huérfanos puede integrarse como socio industrial aportando capacidades en el desarrollo de dianas terapéuticas, validación preclínica o diseño de biomarcadores. También puede actuar como proveedor tecnológico, facilitando plataformas de análisis genómico, modelos experimentales avanzados o herramientas de estratificación de pacientes.
Otra vía habitual consiste en utilizar los resultados generados por la partnership —datos clínicos, cohortes caracterizadas, conocimiento biológico— como base para nutrir pipelines propios. Este acceso temprano a evidencia científica y a redes clínicas permite avanzar en el desarrollo terapéutico en condiciones que difícilmente podrían replicarse de forma aislada.
El desarrollo de medicamentos para enfermedades raras enfrenta un conjunto de limitaciones estructurales. La fragmentación de pacientes, la heterogeneidad genética y la escasez de datos longitudinales dificultan tanto el descubrimiento de nuevas dianas como la validación clínica.
ERDERA aborda estos desafíos mediante la creación de redes europeas que integran centros clínicos, biobancos, plataformas de datos y grupos de investigación especializados. Para una empresa, esto se traduce en la posibilidad de acceder a cohortes multicéntricas, mejorar el reclutamiento para ensayos y validar hipótesis terapéuticas en entornos clínicos reales.
La convocatoria prevé además la continuidad de Joint Transnational Calls centradas en casos raros no resueltos, tanto genéticos como no genéticos. Este enfoque orientado al diagnóstico y la estratificación abre oportunidades para identificar nuevas poblaciones de pacientes y desarrollar terapias más precisas.
El ámbito de las enfermedades raras mantiene un interés sostenido desde el punto de vista científico y económico. Se estima que estas patologías afectan a más de 300 millones de personas a nivel mundial, mientras que una proporción limitada dispone de tratamientos aprobados. Esta brecha configura un espacio donde la innovación terapéutica puede generar impacto clínico y valor económico.
El posicionamiento competitivo de las empresas en este campo no depende únicamente del tamaño del mercado por indicación, sino de la capacidad para construir conocimiento especializado. La identificación de biomarcadores, el subtipado molecular de pacientes o el desarrollo de plataformas tecnológicas específicas permiten generar ventajas difíciles de replicar.
En este sentido, la participación en ERDERA facilita la creación de estos activos intangibles, al integrar a la empresa en redes donde convergen ciencia básica, investigación clínica y capacidades regulatorias.
La utilidad de HORIZON-HLTH-2026-02-DISEASE-12 se amplía cuando se combina con otras líneas de financiación del programa de trabajo 2026. Convocatorias orientadas a metodologías alternativas (NAMs), terapias avanzadas (ATMPs) o ciencia regulatoria aportan herramientas que refuerzan el desarrollo de medicamentos en fases tempranas y avanzadas.
Las NAMs, por ejemplo, permiten reducir la dependencia de modelos tradicionales en la validación preclínica, mientras que las iniciativas en ciencia regulatoria facilitan la interacción con agencias y la preparación de dossiers regulatorios. En paralelo, las redes de excelencia en terapias avanzadas resultan especialmente relevantes para empresas que trabajan con terapias génicas o celulares.
La combinación de estas líneas configura una estrategia de financiación más completa, donde ERDERA actúa como núcleo de acceso a datos y pacientes, y otras convocatorias contribuyen a acelerar el desarrollo tecnológico y regulatorio.
El principal riesgo para las empresas consiste en interpretar esta convocatoria como una vía directa de financiación para el desarrollo de un producto propio. La naturaleza de cofinanciación de la partnership implica que el retorno es indirecto y se materializa en acceso a recursos, redes y conocimiento.
Además, los proyectos en enfermedades raras requieren consorcios con fuerte presencia clínica y regulatoria. La participación exclusiva de socios tecnológicos no resulta suficiente para abordar aspectos como el diseño de ensayos, la definición de endpoints o la gestión ética de datos.
También persisten desafíos inherentes al campo, como la variabilidad entre pacientes o la falta de historia natural en muchas patologías, lo que exige enfoques metodológicos rigurosos y una coordinación estrecha entre actores.
Las empresas que buscan posicionarse en este ámbito deben identificar con claridad su rol dentro del ecosistema. Algunas se orientarán hacia el desarrollo directo de activos terapéuticos que requieren validación clínica, mientras que otras aportarán tecnologías habilitadoras en áreas como genética funcional, modelos experimentales o análisis de datos.
La interacción con nodos nacionales de la partnership, coordinadores de ERDERA y centros clínicos especializados facilita la integración en consorcios relevantes. Del mismo modo, la participación en convocatorias transnacionales asociadas a la partnership permite acceder a financiación y consolidar alianzas estratégicas.
El diseño de estas colaboraciones debe contemplar desde el inicio aspectos regulatorios, éticos y de acceso a datos, así como una hoja de ruta que conecte la investigación con el desarrollo clínico y la eventual comercialización.
La convocatoria HORIZON-HLTH-2026-02-DISEASE-12 se orienta a estructurar un ecosistema europeo que facilita ese desarrollo. Para las empresas, el valor reside en la capacidad de integrarse en redes donde el acceso a pacientes, datos y conocimiento reduce la incertidumbre y acelera la validación. ¿Vuestra empresa tiene previsto realizar una propuesta para esta o similar convocatoria? Avanza en el pipeline terapéutico con nosotros.
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