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La actualidad de nuestra entidad y las últimas novedades en financiación a la I+D+I.
La actualidad de nuestra entidad y las últimas novedades en financiación a la I+D+I.
En un proyecto europeo, la búsqueda de socios debe comenzar con una pregunta fundamental y necesaria: ¿qué capacidades son realmente esenciales para que el proyecto sea creíble?
En Horizonte Europa, la mayoría de los proyectos colaborativos requieren la agrupación de organizaciones de diferentes países y perfiles. La Comisión Europea también indica que los consorcios pueden incluir universidades, centros de investigación, empresas, administraciones públicas, organizaciones de la sociedad civil y usuarios finales, dependiendo de las características de cada convocatoria.
El desafío aparece cuando es momento de pasar de la teoría a la lista de contactos. ¿Dónde se puede encontrar esa empresa que domina una tecnología específica? ¿Qué centro de investigación tiene experiencia en el área que falta? ¿Quién ha participado ya en proyectos europeos similares? ¿Y cómo diferenciar a un posible socio de uno que realmente sea útil para la propuesta?
Uno de los errores comunes al preparar una candidatura europea es buscar socios cuando la idea ya está casi finalizada.
En ese instante, el margen de acción es limitado. Se intenta añadir al consorcio a las entidades que faltan para cumplir ciertos requisitos, completar una capacidad técnica o lograr una representación geográfica específica. El resultado puede ser un equipo formalmente completo, pero poco cohesionado.
Las propias estructuras nacionales de apoyo a Horizonte Europa aconsejan trabajar en la formación de alianzas con antelación y mantener el networking más allá de la publicación de los programas de trabajo. También sugieren los brokerage events, las redes de los puntos nacionales de contacto y las herramientas de búsqueda de socios como formas de identificar colaboradores.
El socio adecuado debe unirse porque aporta un elemento que enriquece el proyecto, no solo porque ocupa un espacio en el consorcio.
Esto obliga a modificar el punto de partida. Antes de buscar nombres, es conveniente definir qué conocimientos, tecnologías, infraestructuras, capacidades de demostración, acceso a usuarios o conexiones con el mercado son necesarios para la propuesta.
El networking europeo presenta una dificultad adicional. Dos entidades pueden investigar sobre inteligencia artificial, energía, salud o biodiversidad y, sin embargo, tener muy poco que ofrecer juntas. La compatibilidad puede residir en la complementariedad y no en la coincidencia.
Una universidad puede proporcionar conocimiento científico. Una pyme, una tecnología. Un hospital, acceso a usuarios y capacidad de validación. Una administración pública, el contexto regulatorio y territorial. Una empresa industrial puede ser quien transforme el resultado del proyecto en una solución aplicable.
La Comisión Europea subraya precisamente esta diversidad de perfiles en sus orientaciones sobre participación en Horizonte Europa. En ciertas convocatorias, además, se requiere un enfoque multi-actor que incluya a usuarios y otros actores relevantes desde la concepción del proyecto.
Por ello, una búsqueda efectiva de socios debería permitir identificar capacidades, experiencia, intereses y posibles complementariedades.

En este contexto surge Scinder.net, una plataforma creada por SACSIS (Sociedad para el Avance Científico) para conectar investigadores, profesionales y organizaciones, facilitando la colaboración científica.
Su enfoque se basa en el perfil de cada usuario y sus áreas de conocimiento e intereses. La plataforma permite hacer visible la trayectoria investigadora y establecer conexiones profesionales orientadas a proyectos, colaboración científica y comunidades temáticas. También incluye espacios específicos de colaboración, llamados Hubs, y entornos confidenciales para ciertos contenidos y documentos.
La propuesta resulta interesante para quienes trabajan en proyectos europeos, ya que traslada una parte del networking desde eventos puntuales hacia un entorno donde el perfil profesional y científico puede mantenerse disponible y ser encontrado por otros usuarios.
Un brokerage event concentra muchas conversaciones en pocas horas. Una plataforma de networking permite que la búsqueda continúe después del evento y que la relación se desarrolle con un contexto más amplio.
En el caso de Scinder, además, el registro permite crear un perfil profesional a partir del CV mediante una funcionalidad opcional basada en inteligencia artificial, que analiza la información proporcionada y sugiere un perfil para la plataforma.
Imaginemos un proyecto sobre adaptación climática. El coordinador ya ha identificado a los socios científicos que trabajarán en modelización y datos, pero necesita sumar una entidad capaz de validar las soluciones con administraciones locales. Una búsqueda general de “climate change” probablemente devolvería cientos de resultados.
La búsqueda realmente útil sería otra: organizaciones con experiencia en adaptación urbana, trabajo con municipios, validación de herramientas de decisión y participación en proyectos europeos.
Scinder incluye sistemas de recomendación que pueden sugerir conexiones, contenidos y actividades basadas en elementos como el perfil profesional, las preferencias, la actividad y las afinidades temáticas dentro de la plataforma. De acuerdo con su política de uso, estas recomendaciones combinan modelos de similitud y análisis semántico.
Para alguien que busca socios, esto puede reducir parte del trabajo manual de localizar perfiles potencialmente compatibles.
En el networking científico existe una paradoja bastante común: muchos investigadores tienen una trayectoria excepcional, pero resulta complicado saber rápidamente qué podrían aportar a un proyecto específico.
Un CV puede detallar publicaciones, proyectos anteriores, líneas de investigación y reconocimientos. Sin embargo, eso no significa necesariamente que permita identificar claramente una posible colaboración.
Para formar un consorcio, esa información necesita ser interpretada de otra manera.
¿Qué tecnología aporta? ¿Qué infraestructura puede ofrecer al proyecto? ¿Ha trabajado con la industria? ¿Tiene experiencia en demostración? ¿Conoce ciertos entornos regulatorios? ¿Ha coordinado proyectos europeos? ¿Puede facilitar acceso a usuarios? ¿Tiene experiencia en explotación o transferencia?
Una plataforma de networking funciona mejor cuando el perfil está construido en torno a esas capacidades y no solo en torno a la trayectoria académica.
En Scinder, precisamente, el perfil profesional es uno de los elementos centrales del sistema de conexión entre usuarios. La plataforma contempla perfiles tanto de investigadores como de organizaciones empresariales y otros actores relacionados con la investigación y la innovación.
Al preparar una propuesta, existe una tendencia natural a acudir a las personas que ya se conocen. Es comprensible: ya hay confianza, se conocen las capacidades de cada organización y la negociación es más sencilla.
El riesgo es terminar construyendo siempre los mismos consorcios.
La Comisión Europea dispone de herramientas como el Partner Search del Funding & Tenders Portal, los puntos nacionales de contacto, Enterprise Europe Network y los eventos de brokerage. También recomienda revisar proyectos europeos ya financiados para identificar organizaciones activas en áreas relacionadas.
CORDIS permite precisamente consultar proyectos financiados, sus participantes, resultados y otra información asociada.
Scinder puede integrarse en esta estrategia como una capa adicional: la búsqueda no se limita a saber quién participó en un proyecto anterior, sino que permite trabajar sobre perfiles profesionales y conexiones dentro de una comunidad científica y tecnológica.
Antes de publicar una búsqueda o comenzar a contactar con organizaciones, define tres aspectos: qué capacidad falta, qué papel tendrá ese socio dentro del proyecto y qué valor aportará al consorcio.
Luego, amplía la búsqueda más allá de tu red habitual. Combina el Partner Search de Funding & Tenders, CORDIS, eventos de brokerage, redes de NCP y plataformas especializadas como Scinder.net.
Una tecnología puede originarse en un laboratorio, pero raramente alcanza el mercado siguiendo ese camino de manera independiente. Entre una hipótesis científica y una solución que una empresa puede producir, comercializar o integrar en un proceso industrial existen etapas que requieren habilidades diferentes: conocimiento científico, tecnología, infraestructuras, datos, capacidad empresarial, financiación y, en muchas ocasiones, acceso a los usuarios finales.
En este contexto que puede parecer complicado surge la colaboración entre el sector público y privado en I+D+i. Una universidad, un centro de investigación o un organismo público proporciona capacidades científicas y tecnológicas que una empresa puede necesitar para avanzar en una innovación. La empresa, por su parte, aporta conocimiento del mercado, capacidad de desarrollo, recursos industriales y un camino concreto para llevar los resultados hacia aplicaciones prácticas.
Los proyectos de colaboración entre el sector público y privado son iniciativas de investigación, desarrollo e innovación en las que participan entidades públicas y empresas para desarrollar de manera conjunta conocimiento, tecnologías, productos, procesos o servicios.
La fórmula puede adoptar diversas formas dependiendo del programa de financiación. En algunos casos, la colaboración se organiza directamente dentro de un consorcio de proyecto. En otros, forma parte de asociaciones estratégicas de mayor envergadura, como sucede en Horizonte Europa con las European Partnerships, que reúnen a la Comisión Europea, autoridades nacionales, industria y organizaciones de investigación en torno a programas comunes de I+D+i.
En España, el CDTI también cuenta con instrumentos específicos para proyectos de I+D en cooperación empresarial y para iniciativas que conectan empresas con organismos de investigación. Por ejemplo, sus proyectos de I+D en cooperación nacional requieren la participación de varias empresas independientes y un acuerdo privado que regule el funcionamiento del consorcio.
Por lo tanto, hablar de colaboración entre el sector público y privado se refiere, en esencia, a una manera de organizar la investigación y la innovación en torno a capacidades complementarias.
Existen problemas tecnológicos que una organización difícilmente puede resolver por sí sola. Una empresa puede conocer a la perfección las necesidades de un mercado, tener una planta piloto y ser capaz de fabricar un producto, pero necesitar conocimientos científicos muy especializados para resolver una determinada incertidumbre tecnológica. Una universidad puede poseer ese conocimiento y contar con investigadores capaces de desarrollar una solución, pero carecer de los medios necesarios para llevarla a una escala industrial.
Aquí es donde entra en juego la colaboración entre el sector público y privado. Y puede resultar especialmente relevante en áreas donde el salto entre investigación y aplicación requiere inversiones significativas o largos períodos de validación. Energía, salud, nuevos materiales, biotecnología, movilidad, tecnologías digitales, alimentación o transición industrial son algunos ejemplos.
El objetivo de los programas públicos de I+D+i es, en parte, reducir las barreras que dificultan ese proceso y movilizar inversiones que pueden generar capacidades tecnológicas con un impacto más allá de una única organización.
En Horizonte Europa, por ejemplo, las European Partnerships buscan precisamente coordinar recursos y esfuerzos públicos y privados para abordar desafíos complejos y reducir la fragmentación de las inversiones en investigación e innovación.
El papel de una universidad o un centro de investigación puede estar relacionado con la generación de conocimiento, el desarrollo de modelos, la experimentación, la caracterización de materiales, la validación científica o el acceso a infraestructuras especializadas. También puede asumir actividades que requieren una capacidad científica que no resulta eficiente desarrollar internamente en una empresa.
La empresa introduce otra perspectiva. Conoce el problema que desea resolver, las condiciones del mercado, los requisitos de producción, los costos asociados y las necesidades de los clientes. Además, puede asumir el desarrollo industrial, la explotación de los resultados y su integración en productos o procesos.
Aunque esto no debe ser una frontera rígida.
En los proyectos mejor diseñados, la relación comienza antes de redactar la propuesta. El problema tecnológico se define de manera conjunta, se identifican las capacidades necesarias y se determina qué organización está mejor preparada para abordar cada incertidumbre.
Este es uno de los aspectos que más fácilmente se pierde al preparar una propuesta de I+D+i.
Un consorcio puede estar compuesto por universidades, centros tecnológicos y empresas y, aun así, funcionar como un conjunto de proyectos individuales conectados únicamente por un calendario común.
Las actividades deben estar interrelacionadas y los resultados obtenidos por un participante deben alimentar el trabajo de otros. Una investigación desarrollada por un organismo científico puede convertirse en el conocimiento necesario para que una empresa diseñe un prototipo. Ese prototipo puede luego pasar a una fase de validación con un usuario industrial. Los resultados de esa validación, a su vez, pueden modificar la investigación inicial.
Esta cuestión tiene especial relevancia en los programas competitivos. En instrumentos como las Misiones Ciencia e Innovación del CDTI, el propio planteamiento de la convocatoria sitúa la cooperación empresarial y la respuesta conjunta a retos estratégicos en el centro del proyecto.
La financiación depende del programa en el que se presente el proyecto.
En algunos instrumentos se concede una subvención para cubrir una parte de los costos elegibles. En otros pueden existir préstamos, anticipos, financiación combinada o mecanismos de cofinanciación.
Horizonte Europa utiliza, entre otros mecanismos, las European Partnerships. En las asociaciones cofinanciadas, la Comisión Europea aporta financiación adicional a programas conjuntos de investigación e innovación gestionados junto con organismos públicos y financiadores nacionales o regionales. En las asociaciones coprogramadas, la Comisión implementa su contribución mediante las convocatorias de Horizonte Europa mientras los socios movilizan contribuciones adicionales bajo su propia responsabilidad.
En España, el CDTI también cuenta con diversas modalidades de cooperación en sus instrumentos de I+D, incluyendo proyectos de cooperación nacional, cooperación tecnológica internacional y proyectos vinculados a determinados partenariados europeos.
Por ello, identificar una oportunidad de financiación no debería consistir únicamente en buscar una convocatoria cuyo título coincida con el sector de la empresa. Es necesario analizar qué tipo de colaboración exige, qué grado de madurez tecnológica admite, quién puede participar y qué resultado espera obtener el programa.
La colaboración entre el sector público y privado tiene especial sentido cuando el proyecto presenta una incertidumbre tecnológica que requiere capacidades que la empresa no posee internamente.
También cuando la solución necesita ser validada en distintos entornos, cuando requiere infraestructuras científicas especializadas o cuando su desarrollo depende de conocimientos provenientes de disciplinas diferentes.
En cambio, si una empresa tiene perfectamente resuelta la tecnología y busca únicamente financiar una mejora interna de un producto o proceso, puede existir otro instrumento más adecuado.
La pregunta útil, por tanto, no es si una empresa puede encontrar socios para presentar un proyecto. Es si realmente necesita esos socios para resolver el problema que plantea.
Antes de formar un consorcio es conveniente definir con precisión el problema tecnológico que se desea resolver, el nivel de madurez de la solución y las capacidades que faltan para avanzar.
A partir de ahí, la búsqueda de socios puede hacerse con mayor criterio. El objetivo será incorporar aquellas organizaciones que permitan cubrir las incertidumbres técnicas, validar el resultado, facilitar su industrialización o acercarlo a los usuarios.
Y solo después tiene sentido buscar el instrumento financiero que mejor se adapte.
Para una empresa que esté considerando un proyecto de colaboración entre el sector público y privado, el primer paso debería ser mapear la tecnología, el TRL, las capacidades que faltan y la ruta de explotación. Con ese diagnóstico será mucho más sencillo identificar el socio adecuado y la convocatoria que puede financiar el siguiente tramo de la innovación. Ponte en contacto con nosotros y te ayudamos.
A lo largo de los años, la inclusión de investigadores jóvenes en las redes científicas de Europa ha sido más una cuestión de buena voluntad que de obligación contractual. Se les invitaba a participar y se valoraba positivamente su inclusión, pero raramente era un requisito para la aprobación de un proyecto. Esta dinámica cambia drásticamente en la Open Call 2026 del programa COST (Cooperación Europea en Ciencia y Tecnología), que establece un requisito claro: al menos el 40% de los proponentes en cada propuesta deben ser investigadores jóvenes e innovadores, categoría que el programa denomina Young Researchers and Innovators, o YRI por sus siglas en inglés.
Hasta el momento, la participación de perfiles junior era recomendada y valorada en la evaluación, pero ninguna convocatoria anterior la había establecido como condición de elegibilidad. A partir de esta edición, quien coordine una red que no alcance ese porcentaje simplemente no podrá presentar su propuesta, sin importar cuán sólida sea desde el punto de vista científico.
Es importante aclarar, antes de abordar las novedades, qué financia exactamente este instrumento, ya que a menudo se confunde con proyectos de investigación tradicionales. Una COST Action no financia salarios, experimentos ni equipamiento de laboratorio: financia la creación y mantenimiento de redes de investigadores que comparten un mismo desafío científico, cubriendo reuniones, estancias cortas en otros centros, escuelas de formación y actividades de divulgación. Cada Action tiene una duración de cuatro años y un presupuesto indicativo de aproximadamente 150.000 euros el primer año y alrededor de 180.000 euros anuales en los tres años siguientes, lo que suma un total aproximado de 690.000 euros por red a lo largo de su ciclo de vida.
A diferencia de Horizon Europe, donde cada convocatoria está delimitada por un Work Programme con temas muy específicos, COST opera bajo un esquema de abajo hacia arriba: son los propios investigadores quienes proponen el tema, sin ninguna restricción temática. Esta apertura es una de las razones por las que el programa recibe cada año un número de propuestas que supera ampliamente las plazas disponibles. En la convocatoria anterior, la OC-2025-1, se registraron más de 50.000 proponentes y la tasa de éxito fue inferior al 7,5%, una cifra que evidencia que cumplir con los mínimos exigidos no asegura la financiación.
El calendario de esta edición ya está establecido. La plataforma e-COST, que gestiona todo el proceso, abrió el plazo de presentación el 31 de julio de 2026 al mediodía, y el cierre está programado para el 28 de octubre de 2026.
El número de redes que finalmente recibirán financiación ha aumentado de 70 a 80, un incremento que debería resultar en una tasa de éxito un poco más favorable en comparación con la convocatoria anterior.
Otra de las novedades que obligará a replantear estrategias es la limitación de la participación individual: en esta edición, cada persona solo puede estar en una propuesta, ya sea como Main Proposer o como Secondary Proposer. Hasta ahora, era común que investigadores con una buena red de contactos apoyaran varias iniciativas al mismo tiempo, una práctica que diluía su compromiso real con cada una y dificultaba
Cada vez que un conjunto de universidades, centros tecnológicos y empresas se reúne para redactar una propuesta para Horizon Europe, hay una cuestión que a menudo se deja para el final: ¿a quién realmente pertenecen los descubrimientos? La experiencia de quienes gestionan estos proyectos indica que postergar esta pregunta casi siempre tiene un costo. En el contexto actual de financiación europea, la propiedad intelectual se ha convertido en un elemento que condiciona, desde el primer día, la viabilidad de todo el consorcio.
Horizon Europe ha endurecido considerablemente las normativas en comparación con su predecesor, Horizon 2020. La Comisión Europea resume su enfoque en una fórmula que se repite en todos los documentos oficiales: ser «tan abierto como sea posible, tan cerrado como sea necesario». Detrás de esta declaración se esconde un desafío muy concreto para los socios de cualquier consorcio, que se centra en cómo equilibrar la obligación de compartir conocimientos con la necesidad, igualmente real, de proteger aquello que puede tener valor comercial.
El punto de partida de cualquier estrategia de propiedad intelectual es distinguir claramente entre dos conceptos que el Model Grant Agreement define con precisión. Por un lado está el llamado background, que se refiere a todo el conocimiento (datos, know-how, patentes previas) que cada socio aporta al proyecto y que ya poseía antes de firmar el acuerdo de subvención. La participación en el consorcio no altera en absoluto esa titularidad: lo que era tuyo antes de entrar sigue siendo tuyo después. Sin embargo, en la práctica, muchos equipos nunca se toman el tiempo de inventariar ese background con el detalle necesario, y esta omisión suele generar disputas una vez que el proyecto ha comenzado.
La segunda categoría, la de los results o foreground, es más delicada. Se refiere a todo lo que se genera durante la ejecución del proyecto, ya sea o no susceptible de protección: desde una publicación científica hasta un prototipo de software. La regla general es simple (el resultado pertenece a quien lo genera), pero Horizon Europe introdujo un matiz que ha cambiado las reglas del juego: cuando varios socios contribuyen de manera sustancial a un mismo resultado, la titularidad conjunta se presume por defecto, a menos que el Consortium Agreement disponga lo contrario.
Si hay un instrumento que la Comisión Europea recomienda sin reservas, ese es el Consortium Agreement, el acuerdo interno que los socios firman entre sí y que regula todo lo que el Grant Agreement no cubre: gobernanza, distribución de responsabilidades, mecanismos de resolución de conflictos y, sobre todo, la gestión de la propiedad intelectual. Para facilitar esta tarea, existe un modelo de referencia, el DESCA Horizon Europe 2.0, que es compatible tanto con acciones de investigación e innovación como con subvenciones a tanto alzado.
Dentro de ese acuerdo, las cláusulas relacionadas con los derechos de acceso —las licencias que permiten a un socio utilizar el background o los resultados de otro— requieren atención especial. Cuando ese acceso es necesario para llevar a cabo el proyecto, la norma establece que debe ser gratuito. Sin embargo, si el objetivo es explotar comercialmente esos resultados una vez finalizado el proyecto, las condiciones pueden negociarse bajo términos «justos y razonables», una expresión que en la práctica puede dar lugar a negociaciones largas y, en ocasiones, tensas entre socios con intereses divergentes.
Uno de los aspectos que más dudas genera entre los gestores de proyectos es el costo de proteger una invención. Solicitar una patente con cobertura europea puede costar entre 20.000 y 50.000 euros, una cifra considerable para un consorcio de tamaño medio. La buena noticia, y tal vez la menos conocida, es que esos gastos son elegibles para reembolso siempre que se hayan incluido en el presupuesto de la propuesta desde el principio. Allí radica, precisamente, uno de los errores más comunes. Muchos equipos elaboran sus propuestas sin prever partidas específicas para la protección de la propiedad intelectual y luego descubren que ya no pueden imputar esos costos al proyecto.
El Artículo 17 del Model Grant Agreement obliga a evaluar la «protegibilidad» de cada resultado, y el Artículo 16 va un paso más allá al exigir que los beneficiarios adopten medidas activas para explotarlo, ya sea mediante licencia o transferencia, durante un período de hasta cuatro años tras la finalización del proyecto.
La otra cara de la moneda es la ciencia abierta, que en Horizon Europe es una condición transversal del programa. Las publicaciones científicas deben ser de acceso abierto, ya sea por la vía dorada o a través de repositorios con un embargo máximo de entre seis y doce meses. Los datos de investigación, por su parte, deben gestionarse siguiendo los principios FAIR —que sean localizables, accesibles, interoperables y reutilizables— y, siempre que sea factible, depositarse en abierto en repositorios como Zenodo o el European Open Science Cloud.
Compatibilizar esa apertura con la protección de resultados con potencial comercial no siempre es fácil, y por ello la Comisión ha publicado guías específicas, como Your Guide to Open Science in Horizon Europe, diseñadas precisamente para ayudar a los consorcios a no confundir transparencia con renuncia.
La Comisión no ha permanecido inactiva. En julio de 2026, la Dirección General de Investigación e Innovación lanzó una consulta pública para desarrollar un Blueprint europeo sobre licencias de propiedad intelectual y creación de spin-offs, con el objetivo declarado de facilitar que universidades y organismos públicos de investigación transfieran sus resultados al mercado, distribuyan royalties de manera más ágil y ofrezcan incentivos reales a los investigadores que están detrás de esas innovaciones.
Para los consorcios que ya están en marcha, la recomendación fundamental sigue siendo la misma que han repetido durante años los especialistas en transferencia de tecnología: nombrar lo antes posible a un responsable de propiedad intelectual dentro del equipo, auditar el background desde la fase de propuesta, adoptar el modelo DESCA para el Consortium Agreement y revisar el estado de protección y explotación de los resultados, al menos, una vez al año. Ninguna de estas medidas garantiza por sí sola el éxito de un proyecto europeo, pero su ausencia sí explica gran parte de los conflictos que, tarde o temprano, terminan en la mesa de los abogados en lugar de en la de los investigadores.
¿Tienes preguntas sobre la propiedad intelectual, los derechos relacionados o el desarrollo de una buena estrategia de propiedad intelectual para tu propuesta? Ponte en contacto con nosotros, te asesoraremos de la manera más práctica y resolveremos las dudas que tengas en este aspecto.
Las ERC Synergy Grants tienen un papel distintivo en el panorama europeo de financiación para la investigación. A diferencia de otras convocatorias que fomentan la colaboración entre instituciones o la creación de consorcios internacionales, este mecanismo del Consejo Europeo de Investigación (ERC) persigue un objetivo mucho más concreto: financiar proyectos científicos que solo pueden realizarse gracias a la combinación ineludible del talento de varios investigadores principales.
Esta diferencia influye en toda la filosofía de la convocatoria. Los evaluadores buscan evidenciar que existe una pregunta científica cuya complejidad requiere una integración real de conocimientos, metodologías y habilidades que ningún investigador podría aportar de manera aislada.
La convocatoria ERC Synergy Grant 2026 mantiene este enfoque y sigue colocando la excelencia científica como el único criterio de evaluación. A partir de la documentación oficial publicada por el ERC —el Work Programme 2026, la guía para solicitantes y las instrucciones dirigidas a los evaluadores— se pueden identificar algunos elementos que suelen ser relevantes para superar las primeras fases del proceso.
Uno de los errores más comunes es interpretar la palabra synergy como un sinónimo de colaboración. En realidad, el ERC utiliza este término con un significado mucho más riguroso.
Las Synergy Grants financian proyectos liderados por entre dos y cuatro Principal Investigators (PIs), pero la convocatoria aclara que no es suficiente con reunir a especialistas reconocidos en torno a un mismo tema de investigación. La propuesta debe demostrar que la combinación de sus competencias genera una capacidad científica nueva y que el proyecto carecería de sentido si cualquiera de esos investigadores fuera excluido de la ecuación.
Esta idea debe ser evidente desde las primeras páginas de la memoria. La pregunta científica, la estrategia metodológica y la distribución de responsabilidades deben construirse en torno a esa interdependencia. Se trata de explicar por qué cada disciplina, técnica o infraestructura es esencial para abordar una cuestión que ningún grupo podría tratar de manera aislada.
Otro aspecto especialmente examinado por los paneles del ERC es el grado de innovación de la propuesta.
Las Synergy Grants están diseñadas para financiar investigación de frontera (frontier research). Esto implica que el proyecto debe abrir nuevas direcciones científicas y evitar enfoques que representen únicamente una prolongación natural de investigaciones anteriores.
A veces, el riesgo surge cuando varios investigadores deciden combinar proyectos ya existentes bajo un mismo paraguas. Aunque cada línea sea excelente por sí sola, la propuesta pierde fuerza si da la impresión de ser la suma de trabajos anteriores en lugar de una investigación concebida específicamente para responder a una pregunta novedosa.
La memoria debe explicar claramente cuál es el problema científico que se desea resolver, por qué sigue sin respuesta y de qué manera el proyecto puede alterar el conocimiento disponible en ese ámbito. El ERC busca que la investigación sea capaz de cambiar la forma en que una comunidad científica comprende un fenómeno o desarrolla nuevas aproximaciones metodológicas.
Una de las recomendaciones más comunes de evaluadores con experiencia en el ERC es revisar la memoria como si fuera una única historia.
La sinergia no puede aparecer únicamente en un apartado específico dedicado a describir la colaboración entre investigadores. Debe estar presente en toda la propuesta, desde el resumen inicial hasta la planificación detallada de las actividades.
En la primera parte del proyecto, la explicación del estado del conocimiento y de los objetivos científicos ya debe justificar por qué es imprescindible la participación conjunta de los distintos PIs. Posteriormente, la estrategia metodológica debe mostrar cómo los resultados obtenidos por un equipo alimentan el trabajo de los demás y cómo esa integración sostiene el avance del proyecto.
Esa misma lógica debe mantenerse en la descripción de los recursos disponibles, en la dedicación prevista de cada investigador principal e incluso en sus currículos científicos. El historial investigador de cada PI debe demostrar que aporta capacidades diferentes y complementarias dentro de una estrategia común.
La calidad científica sigue siendo el eje de la convocatoria, pero existen aspectos formales que influyen en el proceso de evaluación y que conviene preparar con la misma atención.
La selección de las palabras clave es uno de ellos. El investigador responsable debe elegir entre las categorías definidas por el ERC aquellas que describan con mayor precisión el contenido de la propuesta. Estas referencias ayudan a asignar el proyecto a los paneles y expertos más adecuados, por lo que es recomendable evitar tanto los términos demasiado generales como aquellos que no reflejan el carácter interdisciplinar de la investigación.
También es aconsejable preparar cada fase del procedimiento de evaluación de manera específica.
La primera etapa concentra gran parte del peso en la calidad del resumen ampliado, los objetivos científicos y la trayectoria de los investigadores. Si la propuesta supera ese filtro inicial, la atención se desplaza hacia la viabilidad metodológica, la gestión de riesgos y la planificación completa del proyecto.
En el caso de las Synergy Grants, el proceso culmina con una entrevista presencial ante el panel evaluador. Esa conversación representa una oportunidad para demostrar que el grupo funciona realmente como una unidad científica. Los evaluadores suelen plantear preguntas destinadas a comprobar hasta qué punto existe una integración efectiva entre disciplinas y cómo respondería el proyecto ante posibles cambios o dificultades durante su ejecución.
Las ERC Synergy Grants permiten solicitar hasta 10 millones de euros para proyectos de seis años, además de financiación adicional en ciertos casos, como grandes equipamientos científicos, costes de puesta en marcha o acceso a infraestructuras singulares.
La posibilidad de alcanzar esas cifras no implica que se deba solicitar el importe máximo disponible.
El ERC enfatiza que el presupuesto debe tener una relación directa con las necesidades científicas del proyecto y que cualquier financiación adicional debe justificarse de manera detallada. Equipamiento, infraestructuras, personal o costes experimentales deben responder a una necesidad claramente identificada dentro de la estrategia de investigación.
Los presupuestos inflados, las partidas insuficientemente argumentadas o los gastos de coordinación desproporcionados suelen generar dudas durante la evaluación.
Las ERC Synergy Grants siguen siendo una de las convocatorias más competitivas del panorama internacional. Por ello, preparar una candidatura exige mucho más que reunir un excelente equipo científico. Si necesitas comenzar la redacción con ayuda profesional, contacta con nosotros.
En Horizon Europe, una idea científica sólida no es suficiente en el momento de elaborar una propuesta. Los proyectos que obtienen mejores calificaciones son aquellos que logran demostrar que sus resultados podrán ser utilizados más allá del consorcio que los elabora y que contribuirán a los objetivos estratégicos establecidos por la Unión Europea. Esa es, en efecto, la función de la sección de Impacto, uno de los tres criterios de evaluación junto con la excelencia científica y la calidad de la implementación.
La CE ha realizado cambios significativos en la plantilla estándar de propuestas que acompañará a los programas de trabajo 2026-2027. El objetivo es simplificar la documentación y enfocar la evaluación en un aspecto que durante años se vio diluido entre descripciones excesivamente extensas y listados poco útiles: la credibilidad del proceso que seguirá un resultado de investigación hasta convertirse en un beneficio tangible para sus usuarios.
La disminución del número de páginas disponibles y la reestructuración de esta sección no reducen el nivel de exigencia. Por el contrario, obligan a crear un relato más preciso, donde cada afirmación tenga un propósito específico y cada impacto anticipado pueda ser explicado mediante una secuencia lógica.
Uno de los errores más comunes es redactar la sección de Impacto una vez que el resto de la memoria ya está finalizada. En la práctica, esta decisión suele resultar en un texto desconectado de los objetivos científicos y lleno de afirmaciones generales sobre innovación, sostenibilidad o crecimiento económico.
Cada convocatoria se integra en una Destination del Programa de Trabajo, y cada una de ellas identifica unos expected impacts que responden a prioridades estratégicas de la UE, desde la transición ecológica hasta la digitalización, la resiliencia sanitaria o la competitividad industrial.
El evaluador espera verificar que existe una relación directa entre esos impactos anticipados por la convocatoria y los resultados que el proyecto propone desarrollar. Si esa conexión no se presenta de forma explícita, la propuesta pierde consistencia desde el comienzo.
Es importante recordar que ningún proyecto está destinado a responder a todos los impactos descritos en una Destination. Las propuestas más robustas suelen seleccionar aquellos objetivos a los que realmente pueden contribuir y explican claramente cuál será esa aportación.
La diferencia puede parecer mínima, pero transforma completamente la manera de redactar. En lugar de afirmar que un proyecto fomentará la sostenibilidad o impulsará la innovación europea, es mucho más convincente demostrar qué resultado específico permitirá avanzar hacia uno de los impactos definidos por el Programa de Trabajo.
La CE mantiene el concepto de pathway to impact como eje de esta sección, aunque la nueva estructura elimina parte de la complejidad que caracterizaba convocatorias anteriores.
Ese camino hacia el impacto describe cómo los resultados obtenidos durante el proyecto pueden transformarse, con el tiempo, en cambios reales para empresas, administraciones públicas, profesionales o la ciudadanía.
La secuencia es sencilla cuando se comprende adecuadamente. El proyecto genera resultados tangibles —como un algoritmo, una metodología, un prototipo o una herramienta digital—. Posteriormente, ciertos grupos comienzan a utilizarlos o integrarlos en su actividad. Esa adopción produce efectos que, con el tiempo, contribuyen a los impactos anticipados por la convocatoria.
En ocasiones, surgen impactos muy ambiciosos que no están relacionados con los resultados descritos. Otras veces ocurre lo contrario: la memoria detalla el desarrollo tecnológico, pero nunca aclara quién utilizará ese conocimiento una vez finalizado el proyecto.
El evaluador necesita encontrar un hilo conductor coherente. Cada resultado debe llevar de forma natural a un usuario identificado, y ese uso debe explicar, con argumentos creíbles, cómo se alcanzarán los efectos anticipados a medio y largo plazo.
La simplificación introducida para 2026 también modifica la forma de presentar las actividades de difusión, explotación y comunicación.
Durante años, era común encontrar propuestas que acumulaban largas listas de publicaciones científicas, congresos, páginas web, redes sociales, jornadas abiertas o acciones de divulgación prácticamente idénticas entre sí. En muchos casos, respondían más a la necesidad de completar apartados de la memoria que a una estrategia real para favorecer la adopción de los resultados.
La evaluación ahora presta mayor atención a la pertinencia de las medidas elegidas. Cada acción debe responder a una pregunta concreta: qué resultado pretende impulsar, a qué público se dirige y por qué ese canal es el más adecuado.
La diferencia es significativa.
Una publicación científica cobra sentido cuando permite que una comunidad investigadora incorpore una metodología desarrollada por el proyecto. Una jornada técnica resulta convincente si está orientada a administraciones que pueden adoptar una herramienta concreta. Una estrategia de explotación gana credibilidad cuando identifica claramente el recorrido previsto para una tecnología, una licencia o un estándar.
El apartado destinado a maximizar el impacto no solo describe qué hará el consorcio, sino también por qué resulta razonable pensar que esas acciones podrán ejecutarse con éxito.
Por esta razón, las propuestas más competitivas aprovechan la experiencia previa de los socios para reforzar sus argumentos.
Una universidad con una oficina consolidada de transferencia tecnológica, un hospital acostumbrado a validar soluciones clínicas o una empresa con experiencia en normalización internacional poseen capacidades que aportan solidez a la estrategia de explotación o difusión.
Lo mismo sucede con la trayectoria del propio consorcio. Haber participado anteriormente en proyectos europeos, colaborar de forma habitual con determinados sectores industriales o mantener redes internacionales activas contribuye a demostrar que las medidas propuestas no son una simple declaración de intenciones.
La nueva plantilla reduce el espacio disponible para desarrollar la sección de Impacto y elimina algunos apartados que anteriormente generaban repeticiones.
Desaparece la obligación de presentar por separado impactos científicos, económicos y sociales, así como la discusión específica sobre la magnitud y relevancia de esos efectos. También pasa a ser opcional la tabla resumen que tradicionalmente acompañaba esta parte de la propuesta.
Cada párrafo debe aportar información nueva y mantener una conexión clara con el resto de la memoria. Las repeticiones, las enumeraciones de impactos o las descripciones generales ocupan un espacio que ahora resulta especialmente valioso.
La estrategia más eficaz consiste en definir antes de comenzar la redacción cuáles serán los resultados principales del proyecto, identificar quién los utilizará y establecer qué efectos pueden producir de forma realista una vez finalizada la financiación europea. Sobre esa estructura es mucho más sencillo construir un relato coherente y adaptado a las expectativas del evaluador.
La sección de Impacto sigue siendo uno de los apartados donde más propuestas pierden competitividad. Sin embargo, los cambios introducidos para 2026 también brindan una oportunidad. Al reducir la complejidad formal, el enfoque vuelve a situarse donde siempre ha querido la CE: demostrar, con argumentos sólidos y una lógica convincente, que los resultados del proyecto tienen posibilidades reales de llegar a quienes pueden convertirlos en valor científico, económico o social. Si deseas que te ayudemos en el apartado de Impacto de tu próxima propuesta, contacta con nosotros.
Sociedad para el Avance Cientifico, Society for the Improvement of Science.
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